Muera usted primero o El olvido que seremos.

—escatologías dedicadas—
(20 minutos bien empleados)

Muera usted primero
o
El olvido que seremos

Jorge Luis Borges
1899-1986
*

La escatología tiene que ver con los colegios, donde se cultiva con infantil malicia el pedo, caca y pis (andaluz: peo, caca y pis, descontando la d). La España del PCP -pedo, caca y pis- tiene su clásico en Gracias y desgracias del ojo del culo de Francisco de Quevedo, cuya reedición tuve el honor de hacer por encargo de José Manuel Padilla Libros, 1996, texto que hoy puede leerse en pantalla, como literatura de bolsillo pinchando aquí.

Amiga tengo, que me escribe:

«He pensado que tus peoscon papeles” (es decir “con permiso”, peos autorizados por prescripción médica) serían recibidos en el sector como los vinos con denominación de origen, sería lo más parecido a un pedo gourmet, por la licencia que tienes para tirártelos en museos, conciertos, pastelerías…»

Y me reporta a la señora de la foto, Lush Botanist, en Instagram, como titular de esta noticia:

Una mujer inglesa gana más de 3.000 euros al día vendiendo sus pedos. Equipo Yasss, 27/08/2021

«Lush Botanist se describe a sí misma como la reina de los pedos en internet. Recientemente ha protagonizado un documental para Channel 4, de la televisión británica. Lush es intolerante a la lactosa, así que sabe que si come determinados alimentos tendrá fuertes flatulencias. Comenzó a vender vídeos en los que se tiraba pedos. Su suscripción está en 130 libras, aunque por algunos vídeos especiales ha llegado a cobrar 2.900 libras, unos 3.300 euros. Se conoce como eproctofilia a la excitación sexual que provocan los gases humanos.»

Óleo de Rafael Moya sobre escaparate de Librería Padilla Libros, Trajano, 18, Sevilla, 2017

Lo de los peos con papeles (es decir, autorizados por la buena educación) de Daniel Lebrato viene de otro trance en el que estuve que dio lugar a la serie Hablando en fermo, por una operación que me atravesó el colon y a punto estuvo de provocarme un ano artificial de aquí te espero. Mi amiga sabe y lleva con paciencia mis expansiones de gases libres, aquí la prosa, aquí el verso y aquí el mini vídeo (1:13).

En eso andaba yo -entre la salud y el decoro, en relación con goces corporales-, por ver cómo podría servir Daniel Lebrato de ejemplo en tan vasto dominio como el que va de lo excrementicio a lo teologal (sinónimo de escatología y palabra relacionada según el Word© que yo utilizo), cuando otro amigo, también próximo a mi terraza donde peo y carraspeo, me manda un artículo de Mariló Montero, que ella titula Sanlúcar, me dueles, pero que bien podría ser *Sanlúcar, me hueles, porque la mitad de sus quejas y razonamientos más tienen que ver con el sentido del olfato que con el duelo como sentimiento.


Sanlúcar, me dueles. Mariló Montero, Grupo Joly, 04/09/21

Mi querida Sanlúcar de Barrameda:

Llevo años esperando que quienes te gobiernan, te mimen, te hagan brillar y te respeten. Pero, te están maltratando.

Nadie entiende cómo te ubicaron la depuradora en plena urbanización. La irracionalidad de la gestión del Ayuntamiento llegó a colocar, en plena playa, la desembocadura de los tubos de la depuradora.

Todas las aguas fecales se vomitan a la altura de la meta de las carreras de caballos donde los peces se alimentan de mierda y la gente pesca.

Hay culebras por la playa y las urbanizaciones. Otro año más los vecinos convivimos con otra plaga de ratas que campan hasta en el interior de las viviendas y que este año se han comido el cable de la fibra óptica cuyo arreglo y coste corrió por una vecina particular.

El Ayuntamiento no limpia los caminos donde muchos tiran lo que ingieren al suelo. Te encuentras servilletas de papel con los que se limpian después de tener sexo mirando el atardecer.

Una vecina se encarga de limpiar parte del camino por el que los operarios de la limpieza no han pasado en años. Una vecina puso dos papeleras, que robaron. Los contenedores se ubican al libre albedrío y siempre están desbordados de bolsas de basura.

Mi querida Sanlúcar de Barrameda: Te animo a que denuncies este maltrato y que luches por tu dignidad.


Por último (en una improvisación sobre escatología, es atrevido decir “por último”), la visualización, gozo ético y disfrute humano de la película El olvido que seremos me remitió, buscando en red, al soneto Ya somos el olvido que seremos, de Jorge Luis Borges:

Javier Aznar en Biblioteca del Ies Goya, de Zaragoza, página que títula Ya somos el olvido que seremos, de Jorge Luis Borges

(oriente pantalla horizontal, para mejor ajustar el ancho del verso):

Ya somos el olvido que seremos, de Jorge Luis Borges

AQUÍ. HOY
Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres, y que no veremos.
Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los triunfos de la muerte, y las endechas.
No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre.
Pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo,
esta meditación es un consuelo.

Cuando el 25 de agosto de 1987 el médico colombiano Héctor Abad Gómez muere asesinado por paramilitares en el centro de Medellín, su hijo, el escritor Héctor Abad Faciolince, encuentra, en uno de sus bolsillos, este soneto copiado a mano por el doctor y firmado JLB. El poema se convirtió en epitafio de la tumba del padre, y en noviembre de ese mismo año, el escritor lo publicó en el dominical de El Espectador, atribuyéndolo a Borges.

Veinte años más tarde, Héctor Abad Faciolince escribe un libro sobre su padre titulado El olvido que seremos, en el que incluye el soneto. Y con el éxito comercial de la obra, surge la polémica en torno al soneto: la insinuación de que se trata de un apócrifo, e incluso de que el escritor ha inventado lo del hallazgo en el bolsillo de su padre. Entonces, Abad decide rastrear el origen de los versos -no incluidos ni en la Obra poética ni en las Obras completas de Borges-, bien para confirmar que son de Borges o para atribuirlos a un autor distinto. Comienza así un largo proceso de investigación que lo lleva desde Francia hasta Argentina y que termina por confirmar la autoría de Borges, algo en lo que el escritor colombiano siempre había creído, y descubrir cinco poemas inéditos del autor argentino.

Fundamental para el avance de la investigación fue el artículo aparecido en un diario de Medellín en el que la estudiante contratada para ayudarle en la investigación solicitaba información sobre el poema. Una mujer llamada Tita Botero respondió a la petición y entregó al escritor un recorte de la revista Semana (a la que estaba suscrito el doctor), de 26 de mayo de 1987, en el que se lee lo siguiente:

Acaba de aparecer en Argentina un librito hecho a mano de 300 copias para distribuir entre amigos. El cuaderno fue publicado por Ediciones Anónimas y en él hay cinco poemas de Jorge Luis Borges, inéditos todos, y posiblemente los últimos que escribió en vida. Casi un año después de la muerte de Borges, se publica este cuaderno por un grupo de estudiantes de Mendoza, Argentina, que tiene toda la credibilidad y el respeto para obligarse a decir la verdad.

Uno de los dos poemas era el soneto que nos ocupa, una meditación sobre la muerte que el doctor Abad había leído en su programa de radio semanal. Más tarde, Jaime Correas, uno de los estudiantes mendocinos, le confirmará la historia y le explicará cómo llegaron a sus manos los poemas, que habían sido traducidos al francés y publicados en Francia por el poeta Jean-Dominique Rey. El relato pormenorizado de sus pesquisas ha sido narrado por el autor en Letras Libres: Un poema en el bolsillo.

Sobre el olvido que sucede a la muerte, escribe Abad Faciolince en el capítulo 42 del libro (Héctor Abad Faciolince, El olvido que seremos, Seix Barral, 2010, pp. 272-273):

Todos estamos condenados al polvo y al olvido. Sobrevivimos por unos frágiles años, todavía, después de muertos, en la memoria de otros, pero también esa memoria personal, con cada instante que pasa, está siempre más cerca de desaparecer. Los libros son un simulacro de recuerdo, una prótesis para recordar, un intento desesperado por hacer un poco más perdurable lo que es irremediablemente finito. Todas esas personas con las que está tejida la trama más entrañable de mi memoria, todas esas presencias que fueron mi infancia y mi juventud, o ya desaparecieron y son solo fantasmas, o vamos camino de desaparecer, y somos proyectos de espectros que todavía se mueven por el mundo. En breve todas estas personas de carne y hueso, todos estos amigos y parientes a quienes tanto quiero, todos esos enemigos que devotamente me odian, no serán más reales que cualquier personaje de ficción, y tendrán su misma consistencia fantasmal de evocaciones y espectros, y eso en el mejor de los casos, pues de la mayoría de ellos no quedará sino un puñado de polvo y la inscripción de una lápida cuyas letras se irán borrando en el cementerio. Visto en perspectiva, como el tiempo del recuerdo vivido es tan corto, si juzgamos sabiamente, ya somos el olvido que seremos, como decía Borges. Para él este olvido y ese polvo elemental en el que nos convertiremos eran un consuelo bajo el indiferente azul del cielo. Si el cielo, como parece, es indiferente a todas nuestras alegrías y a todas nuestras desgracias, si al universo le tiene sin cuidado que existan hombres o no, volver a integrarnos a la nada de la que vinimos es, sí, la peor desgracia, pero al mismo tiempo, también, el mayor alivio y el único descanso, pues ya no sufriremos con la tragedia, que es la conciencia del dolor y de la muerte de las personas que amamos.


Al cierre de este [TeNDeDeRo], si ustedes se preguntan o me preguntan qué demonios he querido decir, daré unas pistas:

He querido recomendarles una película (ahora mismo en cartelera) que verán con emoción y rabia. He querido remover las voluntades del manuscrito hallado en un bolsillo, como ocurrió con Antonio Machado.

He querido rememorar un Quevedo·Lebrato·Padilla·Rafael Moya de librería de viejo, que ustedes puedan hacer nuevo, y por si son capaces de descifrarme la mano de marfil que mueve el par de versos que yo no me he inventado, sí su contexto:

«la mano de marfil es muy forzoso
que al culo de su dueña haya llegado».

He querido dar dos estampas personales del libro de los gustos, ese libro que dicen que siempre está en blanco:

la de la muchacha inglesa que hace negocio con sus peos

y la señora de Sanlúcar que, para variar, se queja, como señorita, de lo mal que funcionan la política y los servicios municipales. Luego, a saber qué partido vota doña protestona y qué política encarrila el tal partido en materia de impuestos y fomento público y de obras públicas.

He querido responder de alguna manera a mis dos testigos de comunidad, Mario de la Hoz y Paloma Cantero, cada cual con su correspondencia a mi correo, en días que las comunidades hacen balance.

He querido, en todo caso y ante todos los casos, defender un idioma y un habla que ganen la batalla al vulgarismo y al eufemismo.

He pensado para esa lección en mi alumnado en Zafarrancho Vilima, en mis Teresa y Rodrigo hundiendo Titánics en el Chiringuito Macario. He pensado en profesionales de la enseñanza que hoy, curioso viernes 10, han empezado con sus fichas en Andalucía: esas podrían ser Íngrid, en su colegio, y Rocío, de Javiero, gentil maestra y profesora que el otro día me preguntaba, como a mayor, sobre mi oficio de enseñante, no más noble, Rocío, que otros oficios.

Y he querido juntarme con mis muertos y con mis amistades y familia por y para minimizar una pesadilla contándoles otras pesadillas más publicables. Y termino:

La vida es eso que nos mata por dentro,
que nos hace educados y nos hace sinceros:
—De ninguna manera. ¡Pase! ¡Pase!

y muera usted primero.


*
Jorge Luis Borges

Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres, y que no veremos.
Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los triunfos de la muerte, y las endechas.
No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre.
Pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo,
esta meditación es un consuelo.


foto en portada, el culo de Ava Gardner, en su estatua en Tossa de Mar, Girona, abril 2016.


Daniel Lebrato, foto: Javiero, verano 2021

Enlace
HÉCTOR ABAD FACIOLINCE EN SANLÚCAR DE BARRAMEDA
entrevista Juan José Téllez en Diálogos Pacíficos

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