No se baja vivo de una cruz (previa al Informe Podemos).

—Previa al Informe Podemos—

Al redactar ahora unas líneas sobre lo que fue Podemos, observen que lo que fue no es, y que hoy Podemos sobrevive como marca y devoción; no como fenómeno activo, productivo.

La pirámide de población basada en hechos generacionales (cada una por las fases de florecimiento, sueño y decepción), agrupadas por franjas de edad de quince en quince años, no habla de niños de la postguerra ni baby boomers ni milénials ni generación zeta. Hablamos de la generación Pce o de la Transición (1975). Hablamos de la generación Berlín (por el final de la era soviética, 1989-90). Y hablamos de la generación Podemos, que ha sido la del Sí se Puede (2005-2020), que habrá quien diga que no ha podido nada.

La segunda observación es obligada personal, pues siendo yo de la generación Pce, y padre o tito y abuelo de quien me viene después, no puedo salirme del cuadro que contemplo: también el cuadro me incluye y me contempla. Dar por muerto a Podemos es darme a mí por muerto. Muerto, el sueño de lo que fue a la muerte de Franco la Transición a la Democracia. Muerto, el sueño de quienes aplaudieron la caída del muro de Berlín. Y muerta ahora, nenes, vuestra zona de confort del Sí se Puede. Habéis quedado figurantes con perro, carro y bici, todo por su carril: el perro como uno más de la familia, el carro el de la compra y del bebé (pueden ser dos, que hay mucha fertilidad asistida) y la bici por las aceras, mundo que ha ido a hacerse la foto por el paseo de la alameda y hasta hay quien lo deja entre prosa y verso reflejado en viaje a La corte del rey bobo, publicaciones de eLSoBReHiLado, 2019, literatura de bolsillo para leer en pantalla.

La tercera y necesaria observación denuncia el boicot por parte de Podemos a lo que en Cataluña era independentismo (remota palabra que daba nombre al producto final) y, para las demás Españas, algo tan simple y noble como el referundismo, fase en la que estábamos mientras Podemos se hacía el tonto o la tonta. Las fechas hablan solas: desde que empezó el acoso contra el proceso soberanista (la cumbre del Procés fue el referéndum de 1 de octubre de 2017), de 2006 a 2021, van los mismos quince años que los que ha dominado la generación Podemos, con Podemos como partido junto a Compromís, Más Madrid, Catalunya en Comú-Podem, Més per Mallorca, En Marea o, aquí en Andalucía, con Teresa Rodríguez y quienes vayan con ella. Valencianismo, mallorquinismo, andalucismo: no verán ustedes nada en esos expedientes sino divertimentos para un papel siempre el mismo: poner por delante “lo que de verdad importa a los españoles” (algo que habría que calibrar en encuestas ¿o es que acaso lo de Cataluña no importa?), lo que nos deja estas pocas reflexiones:

1.
Un pueblo que lucha “por lo que de verdad importa”, mientras a lo que no es pueblo lo machacan nunca será un pueblo libre.

2.
Un partido que hace política “por lo que de verdad importa a la gente”, mientras consiente que a lo que no es gente lo machaquen siempre será fuerza represiva defensora de la porra del juez o del policía.

3.
La última la dijo Cortázar como un predíctor de futuro, valido epitafio por Pablo Iglesias:

«No se baja vivo de una cruz».

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Daniel Lebrato: La corte del rey bobo, eLSoBReHiLado, 2019, literatura de bolsillo para leer en pantalla.


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