Informe Cataluña.

Estamos ante un relato mal contado por un fascismo cutre y por una izquierda insípida que han ido creciendo uno con otra a tres voces: 1982. Un franquismo anudado a la democracia mientras nos vendían la burra de una nueva España “por el cambio”. 2000. Una democracia anudada al antiterrorismo. 2006. Una España anudada a sí misma [1].

Y, por la parte catalana, con la perversa igualación:

—Yo, a mi Pujol; tú, a tu Ere o a tu caja B, Urdangarín con Casa Real al fondo.

Sin embargo, algo nos dice que es más fácil conciliar qué seremos, que conciliar lo que fuimos. Volvamos al punto de partida, sin volver a las clases de historia. Donde todo es megusta o silesgusta, ¿qué mayor fascismo que negar el derecho a decidir?


Una España no tan de izquierdas

No se sostiene, España, tanto reparo:

Un reparo ideológico: lo de Cataluña es muy de derechas. (Yo tendría que ser de izquierdas, y no lo soy, cuando con la derecha transijo: ritos, fiestas, celebraciones, vida social.)

Un reparo económico: lo que Cataluña nos debe a otras regiones. (Las deudas se pagan, y hubiera dado tiempo a pagarlas.)

Dos reparos jurídicos: no es derecho el derecho de autodeterminación y, en todo caso, lo de Cataluña tendría que votarlo toda España. (Quebec, Escocia, Bréxit. La ley se cambia, se inventa o se adapta a los tiempos que corran.)


España contra Cataluña.

La verdadera verdad de España contra Cataluña es:

El catalanismo mueve un españolismo vergonzante.

Ilustra el caso, por la izquierda, Pablo Iglesias o Podemos. Y, como regiones, sirven Valencia o Andalucía.

Entre regiones, ya hubo su escándalo en 2006, año en que movieron ficha contra el Estatut catalán Baleares, Valencia, Aragón, Murcia y La Rioja, con Defensor del Pueblo de España. En estos recursos se lían y se fuman en el mismo porro pasiones bajas y agravios comparativos, además de cierto síndrome entre La lengua de las mariposas y La parada de los monstruos (todas las regiones contra la rebeldía de la región más rica, más guapa o más lista) con masoquismo del tipo Si yo me jodo, tú te jodes (caso evidente con la monarquía).

Sobre Valencia, Miquel Ramos:

El principal argumento de catalanofobia de las derechas valencianas es ir contra unos Países Catalanes (Cataluña, País Valenciano, Islas Baleares, Catalunya Nord) que hablan un mismo idioma.

Y sobre Andalucía, Daniel Lebrato:

Andalucía se inventó en dos días un andalucismo histórico que no tenía (el Partido Andalucista data de 1976) para así aspirar a un trato autonómico similar a las regiones históricas de Cataluña, País Vasco o Galicia, a las que había que restituir en sus estatutos verdaderamente históricos (por cuanto fueron aprobados por la Segunda República). Contra esa restitución, y en plan café para todos, la hinchazón del aporte de Blas Infante a la conciencia andalucista fue una operación de estética como no se había visto en España[4]:

Andalucía, haciendo historia para el vaciamiento de la historia. Andalucía, perro del hortelano, que ni come ni deja comer. Andalucía la que queda bien, por humor, fiestas, simpatía o acogimiento, frente a fronteras o fantasmas de nuevas fronteras.


Una Cataluña no tan de derechas

Nada hay en contra de un país chiquitito y nada hay que corte su ilusión nacional o nacionalista. Nada hay que estorbe el arreglo entre partes. Y que el proceso lo lleve la derecha, a quién puede extrañarle. Derecha fue la España de la Guerra de Independencia. Derecha fue Simón Bolívar el Libertador. De izquierda no fue la Generación del 98, la que lamentó la pérdida de Cuba y Filipinas. Y a ver si José Martí, apóstol de la independencia cubana, fue marxista o anticapitalista.

Se nos olvidaba que para ser nacionalista hay que tener cortijo, hacienda, rancho, quinta o feudo, coto privado o corte, suelo, dehesa o finca, metros cuadrados, áreas o hectáreas, fragmentos de paisaje que no sean de la duquesa, minis o latifundios para disfrutar, no a jornal ni de sol a sol.

Se nos olvidaba que contra el nacionalismo no hay más antídoto que un internacionalismo bien entendido dentro de la aldea global, nunca otro nacionalismo de colores diferentes pero de signo igual; nunca esa Internacional que la izquierda ha guardado como un himno simplón y canta como cumpleaños feliz en reuniones ingenuas.


Cronología 2003 – 2010 La Vanguardia

Cronología 2004 – 2010 El País

—Miquel Ramos, La extrema derecha regionalista valenciana

—Daniel Lebrato, Farsa y licencia del españolismo andaluz


[1] 31 de enero 2006. El presidente del PP, Mariano Rajoy, inicia en Cádiz una campaña de recogida de firmas para pedir que se celebre un referéndum nacional sobre el Estatut. El 31 de julio, el PP impugna el Estatut ante el TC. A nivel popular, ¡España! ¡España! ¡España! por la unidad de España se confundía con una vena deportiva animada por la Selección Nacional de fútbol, que sería campeona de Europa en 2008 y 2012, y del mundo en 2010.

[2] Miquel Ramos, La extrema derecha regionalista valenciana

[3] Daniel Lebrato, Farsa y licencia del españolismo andaluz

[4] Fueron las fechas del 12 de octubre de 1977, cuando echa a andar la Asamblea Autonómica, hasta el 28 de febrero de 1980: referéndum fallido que hubo que colar, por modificación de la Ley Orgánica de Referéndum, para un nuevo referéndum el 20 de octubre de 1981. En medio quedaba el 4 de diciembre del 77 la gran manifestación en todas las capitales andaluzas. Al año siguiente, también a 4 de diciembre, se firmó el Pacto de Antequera por un camino autonómico el más óptimo y el más breve posible. La Junta optaba por una autonomía vía rápida por el 151, no el 143 que le correspondía.

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