La democracia como consuelo de lo menos malo posible.

La democracia es lo menos malo que se conoce
Winston Churchill

1. Hablar de política parece que fuera hablar de democracia dentro de la política profesional, cuando la política nada tiene que ver con partidos que habrán de partirnos en más pequeñas partes. No hay democracia de partidos que no sea dictadura frustrada o controlada: tal es la materia de que están hechos el poder y la división social entre electores y elegidos.

2. La democracia griega era una democracia sin estado y una política sin políticos. La democracia tal cual la entendemos ahora fue cosa de las modernas burguesías a finales del 18, lo que Abraham Lincoln (-1865) definió como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; y ha ido adquirido un significado valorativo que oscurece su significado descriptivo. Hobbes (-1679) hubiera dicho: llamamos democracia a aquello que nos gusta (B. Rodríguez y P. Francés).

3. Siguientes fases y frases son las que dictan separación de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial: separación nunca efectiva) y Estado de Derecho. La división de poderes fue teorizada en torno a 1690 por el inglés John Locke y, de ahí, a Montesquieu, en 1748 y Rousseau (-1778) y voces por la independencia de Estados Unidos. La separación de poderes iba en la lógica de la Historia cuando corrían tiempos de dividir monarquías absolutas que hasta entonces acumulaban todos los poderes en uno (cambio del Antiguo al Nuevo régimen).

4. Faltaba el concepto de nación o Estado. Y eso, aunque nos parezca primero en orden de salida, es lo último y lo que más tarda en constituir parte inseparable de la democracia. Como recuerdan los profesores Rodríguez y Francés, el término Estado (el que escribimos con mayúscula) no aparece hasta Maquiavelo (-1527) y su uso aún tarda en extenderse. Unas fechas hablan por sí solas: las de la Internacional (o internacionales) frente a las patrias que pondrían a pelear a unas tropas con otras: la Internacional fue de 1864 a 1938, con final en 1989, caída del Muro de Berlín, frente a la Sociedad de Naciones, 1919 y las Naciones Unidas, 1945, que se alzan como administradoras de la Aldea Global. Contra ese poderío, el internacionalismo parece haber desaparecido.

La consagración del Estado tuvo que hacerse por contraste entre Estados o naciones (no hablemos de Estado, sino de Estado en choque de estados o naciones). Tuvo que ver con el viajero o con el turista o con el explorador, el invasor que venía de un primer mundo a otro que llamarían tercero para llevarse materias primas, manos de obra, personas sometidas por trata de personas. La relación Estado/Colonialismo es tan evidente como opaca la relación Colonialismo/Democracia.

Así, llega un momento que lo demócrata es conservador de un mundo de metrópolis que no están dispuestas a devolver nada ni a reparar agravios a sus antiguas colonias. Que la democracia es lo menos malo adquiere un valor autista o cínico que, al menos intelectualmente, debería ser denunciado.

El mundo será mejor sin democracias y sin demócratas.

Artículo que se cita, agradecido: B. Rodríguez y P. Francés.

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