el espíritu nacional en arte y cultura de la Generación Podemos.

La Formación del Espíritu Nacional (FEN) fue asignatura en bachillerato entre 1945 y 1970; de ahí, derivó a Educación Ciudadana o Para la Ciudadanía. El espíritu nacional se ha seguido inculcando por poderosos medios -educación, prensa y radio, televisión y cine y bellas artes- que han ido modelando el pensamiento de las clases por algo medias (mediatizadas) con inyecciones de moral que sacarían a España del atraso a donde fue llevada, hasta hacer de España orgullosa aspirante al G8, con Canadá, EEUU, Francia, Italia, Alemania, UK, Japón y Rusia.

La marejada alcanzó su pleamar durante la presidencia de Rodríguez Zapatero, 2004·2007, hasta que la Crisis de 2008 mandó el sueño español al sueño de los justos. Sin embargo, esos sueños habían calado en la Generación Podemos (2010) como parte de un Estado del Bienestar. El culto por Julio Anguita escenifica esa reconversión.

Dos han sido las máquinas de pensar: una, de derechas, que, a través de la tele y programas seriados, cristaliza en la España del Cuéntame cómo pasó, edulcoración de la posguerra, del Rey Juan Carlos como héroe del 23F, etc.; y otra, de izquierdas, en torno a la Memoria Histórica, con idealización de Segunda República y Exilio y de la bandera tricolor.

La síntesis del Cuéntame cómo pasó (tesis) con la Memoria Histórica (antítesis), podemos verla, en cine, en La trinchera infinita o Mientras dure la guerra, ambas taquillonadas del año pasado; en literatura, en Patria, de Fernando Aramburu, en 2016, posteriormente hecha serie, o en El infinito en un junco (2019), que no deja de ficcionar para el gran público la loa al libro de papel frente al amenazante libro en pantalla, mensaje subliminal o carga explícita que permite etiquetar a Irene Vallejo como intelectual de la casa -igual que a Emilio Lledó, Javier Cercas o Isabel Coixet: ¡Lo que faltaba: el independentismo en Cataluña y la caída de la Casa Gutenberg!, dicho en Edgar Allan Poe.

Para acabar, Pedro Merchén se nos presenta con Ortega y Gasset y Antonio Machado. El dilema de las dos Españas. ¡Ya estamos! Ayer Unamuno, hoy Ortega: sigue sin renovarse la nómina del libro de texto español. Digo al autor:

—Perdone, pero Machado ha dejado versos para siempre. ¿Dejó alguna idea Ortega y Gasset?

Respuesta:

—Pienso como usted, pero todo eso lo analizo en el libro, comparando ideas, actitudes y comportamientos. Y Ortega queda bastante mal.

Yo no quiero que nadie quede ni bien ni mal. Quiero una inteligencia que no huela a espíritu nacional, es decir España al dictado de UE, Otan y FMI, con toda la miseria de la cultura occidental, que es pasado y es presente, que no mira ni sabe leer el futuro (más que en estúpidos vídeo juegos o en cortita ciencia ficción), que pillará a tanto intelectual con el pie cambiado. Reaccionarios. Reaccionarias.

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