academias, galicismos y malos poemas.

lebrato en el diccionario

«Hay voces críticas que censuran el hecho de que haya una institución encargada de recomendar usos, registrar palabras o prescribir normas ortográficas. El ejemplo más evidente lo vemos en la lengua inglesa: no hay una institución oficial que regule el idioma, pero sí obras descriptivas como el Oxford English Dictionary (OED) o el The Merriam-Webster Dictionary, este último para el inglés americano. No hay academias ni académicos, sino diferentes instituciones –editoriales, universidades– que publican obras de carácter descriptivo. Un caso semejante, aunque con academia, es el alemán; diversas instituciones, como la Academia Alemana para la Lengua y Poesía (Deutsche Akademie für Sprache und Dichtung) o el Consejo para la ortografía del alemán (Rat für deutsche Rechtschreibung), se encargan de regular el estándar lingüístico de la lengua alemana: su diccionario de referencia es el Duden, publicado por primera vez por Konrad Duden el año 1880.» (Rubén Conde Rubio, 14/08/17)

En el caso de la RAE habría que plantearse 1º) la necesidad de una autoridad lingüística que mande en nuestra lengua, visto (y 2º) el trato desigual que la Academia da a unos usos y a otros. Casos evidentes: el vulgarismo como etiqueta de clase alta contra la baja y la masculina reacción académica contra el lenguaje coeducado (dicho también de géneros o inclusivo).

La Academia flojea desde el principio (año 1713) por parcial ante los dialectos del sur (o modalidades meridionales) y por galicista en general como obediente a la lengua francesa que trajeron y pusieron de moda las casas reales de origen francés: Borbón, Borbón-Dos Sicilias, Montpensier.

Es por eso que la Academia no censura el Es por eso que que acabo de utilizar, calco del C’est pour ça que, en lugar de Por eso, que tan bien nos vendría para ganar la batalla de la economía del lenguaje, ahora que el conteo de caracteres tiene que ver con lo bueno, si breve, tres veces bueno en competición digital entre lenguas sintéticas y cuanto más efectivas. Y cuando oigan o lean a ti te quiero no duden que a ti está sobrando. Por mucho que la Academia calle y otorgue.

Otro gremio que hizo mucho daño al idioma fue el de los malos poetas o el de la mala poesía. Pueden leerlo (son 10 minutos) en el suplemento Cáncer de estilo donde se demuestra con citas reales lo que una literatura francamente mejorable hizo y deshizo con tal de cuadrar las sílabas métricas que se le pusieran cuesta arriba.


Un comentario en “academias, galicismos y malos poemas.

  1. Creo que es la primera vez que voy a discrepar de una afirmación ¿tuya? (no estoy seguro de que lo sea): “habría [potencial] que plantearse la necesidad [sic] de una autoridad lingüística que mande [sic] en nuestra lengua”. A la que sigue una observación sobre el “trato desigual” a unos usos y otros, que depende de lo que se piense de lo anterior. Y lo que yo pienso es que no es necesario plantearse la existencia de una AUCTORITAS que imponga nada en los usos idiomáticos, el ámbito más democrático de la humanidad. Hace mucho tiempo (no recuerdo cuánto) dediqué una de mis “Tribunas” a “¿Quién manda en la lengua?”. No recuerdo lo que decía. Pronto saldrá otra (espero) con otra interrogación como título (“¿Hablando se entiende la gente?”). Y una más: “Escal[on]ar”. En ambas trato de esto. Gracias, una vez más, Daniel, por tu “agudeza de ingenio”,

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