Disputa entre el Juzgado y el Instituto de la mujer (cine de verano).

Amour Michael Haneke

A diferencia de Amanece, que no es poco, película adictiva a la que quien se aficiona vuelve siempre, no es fácil ver dos veces (sin ánimo de cine club o sin revolverse en la butaca) películas como Te doy mis ojos (Icíar Bollaín, 2003), Mar adentro (Alejandro Amenábar, 2004) o Amor (Amour, de Michael Haneke, 2012). La violencia sexista de Te doy mis ojos progresa adecuadamente, mientras que el derecho a la vida, que incluye por demás el derecho a la muerte, sigue igual o apenas avanza.

Tomemos lo sucedido en La Felguera, Langreo, Asturias, este viernes 6 de julio: «Un hombre de 88 años mata a su mujer, de 84, y se suicida.» En la posnoticia, un Juzgado de Instrucción y el Instituto de la mujer entre sí disputan si hubo violencia sexista. «Según la directora del Instituto asturiano de la mujer, Almudena Cueto, “hay una normativa que define qué es violencia de género y así lo hizo la Delegación contra la violencia de género a nivel nacional, conforme a la normativa vigente” y, concluye: “la disponibilidad de la vida es un derecho inalienable de las personas”. No obstante, fuentes judiciales señalan que este suceso no puede ser entendido sin más como un crimen de género. Ni hubo denuncias previas por malos tratos ni una mala relación entre los cónyuges, al contrario: la propia familia no considera el crimen de género y el funeral lo celebró de forma conjunta. Y el hombre dejó una nota antes de suicidarse pidiendo perdón a los hijos y explicando que la enfermedad de su esposa, que padecía alzhéimer, le había superado, que no podía más.»

Ya ven ustedes: la criminología oficial aconseja meter en el 016 los casos, no tan raros, de parejas de mayores donde el viejito mata a la viejita y se suicida. Mientras campañas contra la violencia sexista atraen la simpatía de las mareas por la igualdad; mientras la materia igualdad (junto a la infancia y a los refugiados) genera titulares y votos a mayor gloria del Estado del Bienestar, en el otro extremo, silenciosa y cubierta de polvo, veíase la toma de poder de las personas por las personas mismas y, desde la intransigencia, lo mismo se niega el derecho a decidir a una comunidad (pongamos Cataluña) que a quien sufre una vida que ya no es vida.

La omnisciente directora del Instituto asturiano de la mujer (autonomía Psoe-Iu) nos lleva a varias conclusiones: QUE Dios existe puesto que Ella existe; QUE lo de la disponibilidad de la vida como derecho inalienable lo podría haber suscrito, igual, igual, el señor obispo de la diócesis; QUE la violencia de género a Ella le da de comer; QUE, aun con violencia de género, la España de Ella Amanece, que no es poco; y QUE no se ha hecho para la boca de Ella la miel de Amour de Michael Haneke.

Otro día, Mar adentro, hablamos de cómo ese oscuro negocio, que es la muerte, habrá que denunciarlo, el tema es fuerte. Échenle un vistazo a El negocio de la muerte en España según Mutua Madrileña, La Vanguardia o El Independiente.


 

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