arbitrismo educativo.

Las armas y las letras en Educación y sociedad.org

A diario recibo en mi correo propuestas y más propuestas para arreglar el sistema educativo. La enseñanza se ha convertido en territorio de arbitristas. Arbitrista era quien en la decadencia de la monarquía hispana elevaba al rey un memorial aconsejando cómo remediar los males estructurales de la patria: mejorando los caminos reales, haciendo canales y ríos navegables, fomentando tal o cual área económica, etecé, etecé. En la moderna enseñanza, y a partir de los Informes Pisa (pisa morena, pisa con garbo), una generación de docentes, sin duda bien intencionada, se empeña en mejorar el sistema educativo, y lo hace con la actitud del arbitrista o con el rigor del aficionado al fútbol que cree tener en su cabeza el once ideal con que España ganaría el mundial.

Cualquier propuesta de reforma que no empiece por exigir la enseñanza única, queda parcial e injusta con quienes hoy estudian en la pública, por cuanto la privada (y, en parte, la concertada) es vía de escape de familias que pueden permitirse salirse o saltarse el programa del Estado. (El único día que las tres vías coinciden es la prueba de acceso a la universidad; a partir de ahí, nuevamente los senderos se bifurcan.) Cualquier reforma que no fidelice las becas, hoy a fondo perdido, y la relación laboral Estado / estudiantado, sigue permitiendo la fuga de cerebros que significa estudiar con dineros públicos y ejercer para ganancias privadas. (La beca me hará médico, a mí el pobre, y luego abriré mi consulta para enfermos ricos y también me haré rico.) Toda enseñanza, en sentido amplio, es formación profesional y cualquier propuesta que base el sistema educativo en vocaciones personales, en vez de en las aburridísimas necesidades del Estado, va de cráneo y es fuente de frustraciones. (Oferta sin demanda: yo, el licenciado, me veo en paro mientras la empresa no encuentra la mano de obra que necesitaba.) Cualquier intento del Estado por competir con el mercado formando al personal que la empresa necesita, no solo es también fuga de cerebros y dineros, sino algo anticipadamente obsoleto, pues el mercado de trabajo irá siempre por delante en tecnología y en sabiduría para la formación de sus propios recursos humanos. Cualquier propuesta de reforma que no cambie de raíz el actual estatus universitario y lo que son las universidades y que no impugne el Concordato con la Santa Sede (1979) y el poder de la Iglesia a través de la enseñanza, no habrá cambiado nada de lo que habría que cambiar: la falsa igualdad de oportunidades del muy falso Estado del Bienestar.


Daniel Lebrato Martínez, arbitrista educativo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s