Luces de izquierdemia.

Bar Taberna Juan Sanlúcar banderas de España (4)

No es la hora de Pedro Sánchez. Es la hora de reformar la Constitución. Es la hora de España.

La luz de los partidos a veces ciega. Es lo que tiene la cuestión catalana, que habría que enfocar en primer plano, y no enredar con “los problemas que verdaderamente preocupan a la gente: el paro, la vivienda, las pensiones”, esa amalgama de bienestar perdido que las mareas y la moción de censura llevan en su programa. Con o sin bienestar, la cuestión palpitante se llamaba y se sigue llamando Cataluña y es inútil, y cada vez más peligroso, mirar para otro lado o echar una guerra de prioridades. Por eso sería, mejor que un recambio PP / Psoe, reformar la Constitución y decretar la amnistía para todos los delitos políticos legalmente amparados por la Constitución de 1978, empezando por el artículo 155, y corregir lo que desde la izquierda se ha abordado tarde y mal, de forma parcial y demagógica.

tarde porque la fecha de PP y Tribunal Constitucional contra el referundismo no es reciente: se remonta al 31 de julio de 2006, día del recurso del PP contra el Estatuto de Cataluña de 18 de junio de ese mismo año. Psoe o Izquierda Unida han reaccionado con once años de retraso.

parcial porque el referundismo podría darse y abrirse en otras regiones o autonomías (algo que no ha sucedido), porque la deuda de Cataluña con otras regiones podría sustanciarse al margen de que Cataluña fuera autonomía o república, y porque, en el argumentario contra el referundismo, se han mezclado factores comunes a un lado y otro de la frontera Cataluña España: corrupciones como el caso Palau o el caso Pujol, clientelismo, agravios, xenofobia, tópicos inter regionales.

y demagógica porque la historia enseña que las naciones son lo que quieren ser, al margen de cómo titulen sus procesos, de independencia o de autodeterminación, y al margen de lo que digan libros de texto, Naciones Unidas o Constituciones. Demagogia (o populismo, como se usa decir ahora) es afirmar que Cataluña somos todos (astures, aragoneses o andaluces) y demagogia el supuesto daño que se auto infringía Cataluña (fraccionada en un Estado más pequeño, salida o fuera de Europa, fuga de empresas y capitales) junto a argumentos marcadamente interesados como el de la deuda de Cataluña con regiones más atrasadas, especialmente con Extremadura y Andalucía, viveros de voto al Psoe: al final, y según sus detractores, lo mismo Cataluña salía ganando que salía perdiendo.

No es la hora de Pedro Sánchez, quien jura y perjura que va a seguir con la vaina de la unidad de España. Es la hora de elecciones constituyentes para reformar la Constitución y que la Constitución deje de ser un problema. Es la hora de España para que quepamos todos, también la República Catalana que ojalá pronto se pueda entender con la República de Andalucía.

La cuestión catalana, en Cambio 16.
PP y Tribunal Constitucional y el referundismo en Cataluña, en Wikipedia

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