de antirrepresivos, a antidepresivos.

policía


Con su mentalidad de Estado del Bienestar las mareas no cuajan en tsunami por la libertad, mientras policías y tribunales y periodistas al servicio siguen haciendo de la suyas por España: una, grande y libre.


La vieja izquierda, forjada en el rechazo a la dictadura de Franco, fue fundamentalmente democrática, donde democracia significaba más un modelo que un régimen político concreto. De hecho, aunque la izquierda era mayoritariamente anticapitalista, no luchaba contra el capitalismo sino por la legalización de partidos y elecciones libres, fuera cual fuera el resultado. Estábamos en 1968, año del Mayo francés y de la Primavera de Praga y en vísperas del Proceso de Burgos (Melitón Manzanas, comisario de la Brigada Político Social, muerto por Eta el 2 de agosto de aquel año). Desde 1963 pleiteaban con la censura los Cuadernos para el Diálogo, de Joaquín Ruiz‑Giménez, de inspiración democristiana, y dentro de la consigna Amnistía y Libertad se pedía la excarcelación de presos y el regreso de exiliados también conservadores como Josep Tarradellas, presidente de la Generalitat. No éramos terroristas ni compartíamos los métodos de Eta, no éramos democristianos, ni liberales, no éramos independentistas, no éramos cristianos por el socialismo, no éramos El Lute ni Pascual Duarte (personaje publicado por Cela el mismo año que nació Eleuterio Sánchez, 1942), pero a todos y al Vaquilla, el quinqui metido en la heroína, los indultábamos porque a todos nos había criado la misma larga noche del franquismo. Cincuenta años después, hagamos hemeroteca o cronología:

1981 (23 de febrero). Golpe ¿fallido? de Tejero. Primera reafirmación de la Constitución y de la monarquía como garantes de la democracia española. 1988 (12 de enero). Pacto de Ajuria Enea. Confirmación del bipartidismo PP Psoe contra el terrorismo y en defensa del Estado de Derecho. 2011 (20 de noviembre). El PP gana (por mayoría absoluta) las elecciones generales que renovó (por mayoría simple) en octubre de 2016: la derecha hegemoniza su lenguaje del imperio de la ley. 2014 (16 de enero). Fundación del partido Podemos. Enfriada la gran esperanza que supuso ¡Indignaos!, ¡Democracia real, Ya!, 15‑M (15 de mayo de 2011) y el primer Podemos, el partido de Pablo Iglesias renuncia a abrir el candado de la Constitución de 1978. 2017 (3 de octubre). El discurso del rey abre la intervención del Estado contra el referundismo en Cataluña. Confirmación de una España nacional frente a cualquier proyecto no unionista.

A estas fechas se fueron añadiendo otras de política exterior que han ido reforzando el protagonismo de las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad del Estado. 1986 (12 de marzo). Bajo el Psoe de Felipe González, un 56,85 del voto ratificó en referéndum la continuidad de España en la Otan. 1992 (noviembre). Misión militar de España en Bosnia-Herzegovina como cascos azules de las Onu. 2003 (15 de marzo). Trío de las Azores. Aznar legitima la Invasión de Irak y abre el pretexto al terrorismo yihadista en nuestro país: 11 de marzo de 2004, Atentado de Atocha.

Hoy, días después de haber escenificado Eta su disolución definitiva, la sociedad española está fuertemente religada a sus fuerzas armadas y de orden público, incluyendo simpatías por bomberos, socorristas y protección civil: todo lo que transmite seguridad en un mundo inseguro. Y, así, pesan más los titulares que generan las noticias de sucesos, las víctimas y Víctimas del terrorismo. En lo tocante al referundismo, aunque la izquierda de boquilla discrepe del 155, se desdeña el derecho a decidir de Cataluña alegando que ese es derecho de todos, y no solo de Cataluña, y porque lo que ha sido el procés es de derechas cuando lo que al pueblo interesa son el paro, las condiciones de vida y trabajo y esas reivindicaciones que van a dar a las mareas (verde, blanca, pensionista, feminista, morada o amarilla). Mareas que, con su mentalidad de Estado del Bienestar (que consiste en pedir y no en imponer) no cuajan en tsunami por la libertad (goce la libertad la izquierda, la derecha o Puigdemont), mientras policías y tribunales y periodistas al servicio siguen haciendo de la suyas por España: una, grande y libre. De antirrepresivos a antidepresivos, lo que va.


 

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