intelectuales frente a la república.

Sin ánimo elitista, no vale igual el garrulilla ¡Yo soy español, español! que la documentada opinión de profesores o intelectuales. El omnisciente dios de las ideas (el que ya lo sabía) nos remite a los Pactos de la Moncloa, cuando la poca izquierda que quedaba en España (el eurocomunismo de Santiago Carrillo) renunció a la ruptura y se pasó a la reforma: de 1977 hasta aquí, todo ha sido franquismo. Si eso fue en lo político, en lo social el Pce cayó en la trampa del bienestar de su amiguito el Psoe: bienestar, ¿a costa de qué en el mapa del mundo (y ahí, la Otan) y con qué Hacienda? Como la fiscalidad progresiva cien por cien (para unos: cero cero, para otros) es utópica en sociedades capitalistas, los impuestos progresaron bien poco, pero ahí estaban los fondos europeos: lo justo para dar estudios, vivienda, transporte y asistencia a una clase obrera que haría con negritos y moritos lo que habían hecho con ella en los años 60 en Alemania: ¿los más duros trabajos y peor pagados?, para ti, inmigrante. De paso, la morería, con sus mujeres tapadas, acabaría con el feminismo y daría impulso a la contrarreforma católica. Más franquismo, pues, con oenegés imitando a Cáritas. Esa fue la España de Zapatero y hubiera seguido, como un mundo feliz, a no ser por la puñetera crisis de 2007; crisis que demostró que las bases del Bienestar, con mayúsculas, eran muy débiles y obligó a plantearse, persona a persona, casa por casa: mi bienestar, quién lo paga. Esa incertidumbre de la pobre gente es la que hoy manejan populistas de la Junta de Andalucía o Extremadura que alarman a sus votantes con la marcha de Cataluña la rica, la levantada con el sudor de la emigración que vino del sur. Lo que no se explica: que mentes que suponíamos lúcidas y abiertas alineen sus voces con lo que siempre estuvo ahí y apenas se ha movido: la España que el 18 de julio de 1936 dijo a la República: ven para acá, que te vas a enterar de lo que es bueno. Únicamente hemos cambiado de darnos miedo el régimen franquista a darnos pánico el régimen demócrata o constitucional que algún día se estudiará en universidades de todo el mundo: desde la ejemplar Transición española, a la chapuza de ahora mismo; desde Pablo Iglesias en portada del New York Times, a Puigdemont paseando por Bruselas.

Solo porque plantea la ruptura y no la reforma (federal de la Constitución: táctica del Psoe), el independentismo merece apoyos y simpatías. Y no me vengan, en contra del Procés, con lo que de verdad importa a las clases trabajadoras y contra la corrupción (tácticas de Podemos y del Gran Wyoming, más que en El Intermedio, en El Internado).

Otro día hablamos de cómo aquellas mentes lúcidas y abiertas, en realidad, no existían o eran mantenidas por el régimen. Otro día hablamos de cómo el régimen es el principal obstáculo para la triple nacionalidad (europea, española y catalana) que lleva en su programa el independentismo. Y otro día hablamos de cómo el régimen coronado resulta incompatible con la República Ibérica que podrían formar Cataluña, España y Portugal: pedazo pib, dentro de la UE. ¡Tanto que insisten mis amistades ¿de izquierda? en que la unión hace la fuerza!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s