los lirios en la aldea global.

«soy pobre y me arrepiento de cultivar los lirios y al lado de los lirios me someto a la pena de lo global la globa mírame lización de todo lo divino y de todo lo humano»

Palabras de un poeta que me traen a la cabeza estas otras, de Bécquer: «En mi camino fatal alguien va sembrando el mal para que yo lo recoja». Eso podría decir la Aldea Global, tal cual la concibió McLuhan en los años 60: alguien va sembrando el mal para que la globalización lo recoja. Está lejos ese Estado Universal ‑que vimos desde Tomás Moro hasta en los géneros de anticipación‑, ¿y ya estamos quejándonos de él?

En el rechazo a la globalidad o globalización se mezcla aquel veneno inoculado contra el comunismo (donde se amenazaba con que hasta el rosario de mi madre iba a pasar a manos del Estado) junto al individualismo que defendemos como conquista ‑que lo es‑ y no como sumisión, que también lo es.

Economía, enseñanza y filosofía (del “tienes que ser tú mismo”) no han creado individuos originales, sino cromos de un mismo álbum. La moda, la ética, la democracia no hacen más que reproducir borregos que eligen su pastor: Zara o Mango, mar o sierra, PP o Psoe.

En la aldea global sobrarán pastores o virreyes o Estados intermedios; sobrarán marcas de nación o país: de ahí, la estupidez soberanista (de Cataluña, pero también de España como Estado). En el ámbito imaginado de una sola humanidad y de una única nación, ¿qué peligro corren los lirios que yo cultive?

Excusatio non petita, accusatio manifesta.


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