sobrevivir a la navidad.

Nonainos mesa

“Sobrevivir a la navidad” no es tan raro: 2.420.000 apariciones en Google. Pasa todos los años y esta navidad hemos sido 7.473.687.818 personas en el mundo. Para sobrevivir a la navidad, algunos hemos tenido que sobrevivir a ciertos yernos y cuñados impresentables y a algunas madres, hermanas y cuñadas; y, ellas, a quienes no hicimos nada por el cordero, por el pavo, por el cochinillo que nos pusieron en la mesa (y esto se dice con perdón del sindicato del hambre), mujeres en debate entre el maternalismo del “todo por mis hijos” y el, digamos, feminismo del “nada por el resto”, extremos difíciles de conciliar cuando se abre la casa a familiares más lejanos.

La página Locas del coño ilustra con un corto de minuto y medio (El sentador de madres) lo que se puede hacer: o todos de pie o todos sentados, o todos en la cocina o todos en el comedor, o todos sirviendo o todos servidos. Y, si no, se contrata a un cáterin o se sale de casa y se va a comer fuera, y no habría más desigualdad que la que distingue ‑y no es poco‑ a quien no trabaja de quien trabaja y sufre en su horario la tristeza de las fiestas laborables.

Renunciad, madres, a un papel de cenicientas que está en vuestra mano cambiar por el de princesas y reinas contertulias o tertulianas (como se dice ahora) entre varones que disfrutan de la copa y el puro de la conversación de sobremesa. Recordad que la filosofía empezó en un Banquete, cuyos platos (y es chiste malo) no sirvió precisamente Platón.

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