Las Reinas Magas

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MANERAS DE TITULAR
–A propósito de la noticia las Reinas Magas de Madrid–

  1. En el mundo de la representación, del teatro, una cosa es el papel, el personaje, y, otra, el actor o actriz que lo representa. Nadie está proponiendo Melchora, Gaspara y Baltasar, sino que sus personajes los representen mujeres, lo cual no es nuevo: lo han hecho madres solas en casa donde no había varón, para ilusionar a sus pequeños. El error de Madrid, por mucha alcaldesa progresista, está en qué pintan instituciones civiles, laicas, entrando en lo que debería ser de organización y de financiación particular. La Cabalgata, como la tierra: para quien la trabaja.

  2. El travestismo ‘hombres como mujeres’ se dio en el teatro de Shakespeare, donde actores varones daban vida a Julieta, a Desdémona, a lady Macbeth. Y el travestismo ‘mujeres como hombres’ se recoge en novelas o historias de aventuras, bizantinas, italianas o ejemplares, no como invento de Cervantes: es que las mujeres en la vida real como mejor y más tranquilas se movían era haciéndose pasar por varones: pelo corto, pecho disimulado, barba lampiña. Una mujer así, vestida a lo garzón, podía recorrer tierras y ventas de España sin más peligros que los que acechaban a cualquiera en aquellos tiempos oscuros. El disfraz sirvió además a las primeras mujeres nazarenas y a las pioneras universitarias. Al día de hoy, en Arabia, en Beirut, el invento de las mujeres de clase alta que quieren darse a sí mismas los lujos y los caprichos que se permiten las mujeres de su clase en Occidente, es vestirse de varón: así pueden conducir la moto o fumar en los bares sin verse recriminadas por las temibles guardias islámicas.

  3. Católicos integristas a lo Esperanza Aguirre, que se rasgan las venas del escándalo por nada: la gran revolución vendrá el día que metamos a la Trinidad por el aro de igualdad y coeducación. De las tres personas, si la paloma es palomo, eso a quién le importa: su papel seguirá siendo el del Espíritu Santo. Y si una niña se pone en la cuna, en vez de un niño Jesús, eso no afecta al belén: Jesús de Nazaret fue varón y sería estúpido (o literario) discutirlo. Lo que se os hará cuesta arriba es que Dios, en tanto idea abstracta, mujer no es, pero tampoco, varón. Así que esas colgaduras de rojo raso que nos refriegan “Dios Ha Nacido”, con niño Jesús de fondo, y todo con mucha mayúscula inicial, están bordando una solemne majadería.

  4. Lo cual no ocurriría si las religiones, todas, pasaran por el aro del Registro de Asociaciones, y no por el de Entidades Religiosas, que tiene truco y esa sí que es una puerta giratoria. Religión que no cumpla requisitos constitucionales de igualdad y coeducación, o modifican sus estatutos o, como el funcionario a Mariano José de Larra: ¡Vuelva usted mañana! Con los papeles en regla, o sea.

Daniel Lebrato, ¿Religión? No, gracias.

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