DOS LECCIONES DE PARÍS

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DOS LECCIONES DE PARÍS
los inocentes

  1. El héroe épico encabezaba la guerra al frente de sus tropas. Leónidas y sus trescientos. El Cid con doce de los suyos. Manrique o Garcilaso, con su alta nobleza, dieron su vida peleando a pie de muralla. En cambio, la guerra moderna se dirige desde un puesto de mando donde el general no arriesga nada. ¡Adelante la infantería!, y allí van los pobres peones (como en el ajedrez) derechos a se acabar e consumir. Para que los peones vayan contentos al sacrificio hacen falta poderosos estímulos y mecanismos de coacción (la paga, la patria, la gloria). En los modernos ejércitos, de oficiales para arriba, ya no hay valientes. Generales y mandos civiles disponen de vidas que no son suyas. Mandan inocentes a la muerte.

  1. Un ejército es un ser para la invasión (si no, sería policía interior). Frente a los ejércitos invasores, las naciones invadidas desarrollan otras formas de ataque y de defensa: la guerra de guerrillas o el guerrillero aislado, los dos estuvieron en nuestra Guerra de Independencia. Hoy, la guerrilla se llama comando y, el guerrillero, terrorista. Comandos y terroristas actúan de dos maneras: contra políticos de altura (un rey, como Alfonso XII, un presidente, como Carrero Blanco), en lo que sería un magnicidio; o sembrando el pánico indiscriminado entre víctimas civiles, en lo que es puro terrorismo. A estos dos modos, habría que añadir un tercero de boicot contra objetivos militares o civiles. Un atentado total, que sumaba las tres estrategias, fue el que pensó Al Qaeda: destruir el Pentágono. Las Gemelas dieron víctimas inocentes; París, también, aunque el presidente Hollande, el general en su escondite, estaba pensado como objetivo de magnicidio.

  1. Los de arriba nos hacen creer que los yihadistas mataron víctimas inocentes. Esto es verdad en parte. Hollande, presidente de Francia no se sostiene sin franceses, del mismo modo que a Hitler lo sostuvo la población alemana. Un francés medio, una francesa media, no se explican (su modo de vida, su consumo, su cultura, su ocio) sin contar con lo expoliado a otras naciones o pueblos (mundo árabe, África, lejano Oriente) y sin contar con la aportación al PIB de la mano de obra inmigrada desde esos países. Francia está en deuda, le debe algo a la Historia; los franceses, también.

  1. Países que no eran la Francia que presume de laica, fueron rearmados ideológicamente con la religión, de base supersticiosa y sumisa, contra los frentes de liberación (OLP de Arafat), de base racional. Desde que internet existe, esos países nos ven, saben cómo vivimos, qué nivel de vida hemos alcanzado a costa de la suya, sumida en la miseria. Esta mirada de Oriente a Occidente, de Sur a Norte, es una mirada rencorosa y muy agresiva contra un pasado colonial que el ciudadano medio del primer mundo finge ignorar o que, como es historia, no tiene remedio y él qué culpa tiene. El sueño de estas clases medias era un mundo plano sobre un modelo sueco, escandinavo o nórdico del Bienestar.

  1. Ante la caída del Bienestar y ante la presión de los bárbaros (los sirios, los subsáharas), el ciudadano occidental se inquieta. Por un lado, quiere guardar sus privilegios, haciéndose el tonto y, por otro, sabe que tiene que contribuir, con su mala conciencia, a una reparación histórica: son las oenegés, los voluntariados, las causas humanitarias, parches para un edificio en ruinas. Estas personas estaban (estábamos, yo hubiera sido una de ellas) en los bares o en el estadio de fútbol el viernes 13 de noviembre. Sus nombres no los vimos ni los supimos por adelantado, claro, pero la masa o el grupo de riesgo al que pertenecían, sí que lo sabíamos, como aquí supimos dónde estuvo España cuando la Guerra de Irak y sabíamos que un día vendrían a por nosotros. Los atentados de Atocha fueron de una táctica ciega sobre una estrategia evidente: tropas españolas, al mando de Aznar y generales en sus despachos, habían ido a joderles a ellos, que no nos habían hecho nada y eran, antes que las víctimas de Atocha, inocentes y en sus asuntos y en su tierra. ¿Qué fuimos españoles a hacer allí? Como la Iglesia habla del cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo y, el cuerpo, la comunidad de los fieles, así nosotros somos parte culpable del cuerpo místico de Occidente. Mientras no forcemos la neutralidad política y religiosa de España, el #noalaguerra se queda corto: hay que romper con el bloque Otan Usa y aliados, y con la Iglesia católica como religión de identidad. Mientras tanto, y como españoles, no seremos inocentes.

  1. La lección que viene de París no es el regodeo con las víctimas del terrorismo: más velas, más monumento y más Marsellesa por los caídos. La gran lección es cómo una voluntad universal puede aplicarse para salvar un grado o dos centígrados la sutil temperatura del Planeta. Si lo que se hace por el inasible cambio climático se hiciera por la humanidad como primera especie protegida, no solo se salvaría la Tierra, el vehículo en que viajamos, sino todos, absolutamente todos, los pasajeros. No se conoce mejor ecología.

Ni tontos ni marxistas, 02 12 2015

enlace a crítica del terrorismo puro y crítica lingüística del terrorismo

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