LA RELIGIÓN DESPUÉS DEL 11‑S

LA RELIGIÓN DESPUÉS DEL 11‑S
Mujeres libres con burka

Vamos a dejaros de historias, y vayamos a la Historia. Los primeros talibanes fueron los pastores de Belén. Y eso que no tenían estudios. A los talibanes los repudiamos y, a los pastores, les ponemos el portal por navidad. Ya está bien. El mapa de los monoteísmos sigue una línea entre Mesopotamia, Arabia, Egipto y Palestina, geografía del desierto de espaldas al mar abierto y de cara a unos pocos ríos (sagrados, claro, entre tanta duna: Jordán, Tigris, Éufrates, Nilo), lagos y mares interiores. Ahí el sol alucina la cabeza de nómadas que creyeron ver a dios entre las zarzas de las hogueras mientras dormían. Si usted fuera el gran dios, ¿de verdad se iba a manifestar en esas criaturas? Y atención a sus jefes. ¿El faraón? Un engreído. ¿El patriarca? Un agradecido superviviente de un diluvio. ¿El mesías? Uno que está por venir que no vendrá nunca, todo un género entre los hebreos. Y ¿el profeta? Un beduino con vista. Que el siglo 21 siga dependiendo de semejantes personajes. Todo quedaría en fábula o en literatura si no fastidiaran como están fastidiando. La religión, componente de la guerra, es la primera causa de mortandad en la historia, por delante del cáncer, del sida, de la peste, por encima del hambre. Que al faraón, a Jesús de Nazaret, a Mahoma y al Gran Rabino se les haya dado sitio en los libros de texto y crédito en la cultura, es lo peor que nos ha pasado. Y, encima, con papeles: el libro sagrado. El mundo no estará tranquilo hasta que la religión haya desaparecido de nuestras vidas.


Vamos al váter pero no presumimos por eso. Tenemos nuestros placeres prohibidos, pero no los contamos en público. Sin embargo, un tipo dice que es creyente y no se lo afeamos. Tú, ¿qué pasa?, ¿has visto a Dios, y yo soy tan torpe, tan necio o tan malo que no lo veo? ¿Tú crees en él, y yo, tan ciego? ¿Tú, a la otra vida, y yo a morirme en esta? ¿De qué van los creyentes? ¿Qué arrogancia es la suya? ¿Por qué la seguridad social no los atiende? Mire, doctora, que creo en Dios. No se preocupe, hombre, que hay tratamiento. La cosa tenía un pase mientras nuestro Occidente mandaba en la farsa. In God we trust. En Dios confían para creerse los amos del mundo. The truth shall make you free. La verdad os hará libres, y todo lo han esclavizado. Caído el Muro de Berlín, en Occidente nos las prometíamos felices. Qué sabrán estos. Estos eran los islamistas. Y los metimos en casa. Con sus mujeres tapadas. Con su cordero. Con su ramadán. Igualito que nuestra cuaresma, dijo el ingenuo de las tres culturas. Hasta que el pastor de Belén, montó su portal, cogió su fusil y empezó a disparar.


En el colegio nos contaron que por el Edicto de Milán (313) Roma se convirtió al cristianismo. Parece que no fue tanto. El edicto firmado por Constantino el Grande lo que hizo fue dar libertad de religión y poner fin a las persecuciones contra los cristianos, que no es lo mismo. Diecisiete siglos después, el balance del cristianismo y de las religiones monoteístas o del libro no puede ser más lamentable. Busquen guerras+de+religión en Google. Verán qué espanto. No hablamos de budismo ni hinduismo, de prácticas más parecidas al yoga y a la autoayuda, que a otra cosa. Hablamos de Yahvé, Dios y Alá, símbolos de la violencia, la intransigencia y la dominación. Los tres vienen de un palmo de tierra de nómadas contra sedentarios agricultores desesperados, y cada uno compite en horrores con los horrores del anterior. De Jerusalén a la Meca, 1.240 km (923, a Medina), menos que de Cádiz a la frontera francesa, en tan corto espacio abrasador, varones iluminados han imaginado el paraíso con sus infiernos particulares. La adopción de ese horror por parte de Europa, y su expansión colonial por América y resto del mundo, es lo que estamos pagando. Europa dio categoría de civilización a la barbarie, a la intolerancia, a la persecución, o, en el mejor de los casos, al pacífico que se cree en posesión de la verdad. De las tres religiones, la judía está temperada mientras no le toquen el Estado de Israel, donde la religión da lección de todo menos de humanidad. El cristianismo divaga entre el negocio protestante y calvinista y el ocio y la puesta en escena del catolicismo, poblada de retablos, guardias suizos, vírgenes monjas, pecados mortales, Borgias, don Juanes y monaguillos. Cuando judíos y cristianos creían que el mundo era suyo, el islam, 622 años más atrasado, otra vez el turbante y las babuchas, viene y se lo toma en serio. Cuando ya nadie creía en Dios, o creía de esa manera compatible con la buena vida, vienen los talibanes, los yihadistas, y se lo toman a pecho. Tantos siglos diciendo que Dios existe, que nos lo hemos creído. Y, lo mismo que vosotros vencisteis a Roma pagana a base de mártires a quienes les daban igual los leones en el circo, así a nosotros nos dan igual vuestras leyes, vuestros policías y vuestros jueces, porque ya estamos muertos. Somos los nuevos mártires. Los primeros cristianos vencieron a Roma con su resistencia pacífica. Los suicidas islámicos vencerán como muertos vivientes. Su teoría de la salvación vacía de sentido el circo de la justicia que Occidente les tiene preparado. ¿Prisión y muerte de quien ya está muerto? No se puede morir dos veces. Si las cuentas no fallan, y tomando el caso del Edicto de Milán, quedan menos de trescientos años, muchos menos, con la aceleración de la Historia, para que venza el islamismo mismo mismamente. La clave está en el 11‑S, once de septiembre de 2001, cuando se estrenó el kamikaze suicida o suicidista por fanatismo religioso.

Daniel Lebrato, Ni tontos ni marxistas, 31 del 7 de 2015

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