TERMÓPILAS

TERMÓPILAS

Hay noticias que nos congelan y hay noticias que nos dan la vida. De todas las mitologías que anidaron en nuestra juventud, la más vital fue siempre la de Leónidas y los Trescientos. Sacrificarse unos pocos por el triunfo de todos, no está mal. A imagen de aquella tropa, Grecia hoy tiene un Parlamento de 300 diputados y los 300 han vuelto a echarle valor, con el referéndum del próximo domingo. Mira que nos han aburrido en clase con Grecia, la cuna de la democracia, y mira que es democrático un referéndum, pues nada: ilustres intérpretes de las esencias de la democracia nos vienen con el cuento del lobo porque Alexis Tsipras no solo ha convocado referéndum, como primer ministro que es, sino que, como particular jefe de Syriza, va el hombre y pide a la ciudadanía votar no. Hasta el presente, la máxima era que no se convoca un referéndum para perderlo. Es decir que, perdiéndolo, lo van a ganar, ya lo han ganado, sea cual sea el resultado, porque la victoria es convocarlo. Cómo se le va preguntar al pueblo ¿aprueba usted trabajar más, jubilarse más tarde, que le suban impuestos y le bajen la paga y las pensiones? Tsipras, hijo, haces cada pregunta. Democracia, la precisa, pensarán los demócratas. Pero en euros o en dracmas, y en dólares o en yenes o en rublos, Grecia vale su precio en el mercado y, si la Troika ahoga con la Deuda (que todos reconocen, y es sabido, que Grecia no puede pagar), preferible que la aprieten inversiones o préstamos de Rusia, China o Emiratos Árabes. Grecia se vende. ¿Quién la compra? Hablamos de turismo, navieras, productos agrícolas y manufacturados, industriales, de alimentación, tabaco, textiles, química, minería y petróleo, que Grecia exporta, y hablamos de un PIB de 300 millones de euros (otra vez 300): el 12,4 por ciento en el sector primario, el 22,4 en el secundario y el 65,1 en servicios; y de una fuerza laboral o mano de obra de cinco millones de personas. Grecia no se va a suicidar, como dice la voz de su amo: va a salir al mercado a elegir, antes que el suicidio, su propia eutanasia o a esperar ganar el partido. Y a la Troika le habrá pasado lo que al torturador con su víctima: muerto el detenido, se acabó el sadismo con los soplillos, los electrodos, las tenacitas y las inundaciones en las bañeras de mierda. Lo cuenta Vargas Llosa, a propósito de Exercices de survie (Ejercicios para sobrevivir), de Jorge Semprún, sobre la tortura, que Semprún vivió dos veces en propia carne: «Un ser humano, sometido al dolor, puede ceder y hablar. Pero puede también resistir, aceptando que la única salida de aquel sufrimiento salvaje sea la muerte. Es el momento decisivo, en el que el guiñapo sangrante derrota al torturador y lo aniquila moralmente». Cantemos por Grecia el Resistiré del Dúo Dinámico o el Sobreviré de Paco Ortega, con Estrella Morente o Manzanita. De saludo, el de Kavafis: «Honor a quienes en su vida custodian y defienden sus Termópilas y más honor aún sabiendo que pasarán los persas». La que se retrata es la clase periodística sustento de la política, con que nadie cayera en la cuenta de lo que ahora les espanta: que en el enlace o separación Grecia Unión Europea (Tsipras Merkel) algo tenía que decir (y es natural que se le escuche) el hijo de la pareja, el pueblo griego. Hay noticias que nos dan la vida. «Flechura de tus ojos, nube persa, si muero con el sol que ahora me prohíbes, acuérdate de mí mañana cuando estés llegando a Salamina». Feliz Grecia a todos.

Daniel Lebrato, el de De quien mata a un gigante en Ni tontos ni marxistas, 29‑06‑15

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