Cumpleaños feliz

39_escalones1Hay quien le quita mérito a felicitar a alguien porque nos lo recuerde Google o Facebook. No estoy de acuerdo. Primero, porque hasta las fechas más señaladas se nos olvidan. Con tu memoria de piojo, querido, te has acordado de nuestro amor de reojo, canta Nacha Guevara. Después, porque siempre hemos utilizado agendas, almanaques o algún truco de la memoria, mnemotécnico (ojo a la m y la n, que también, al escribirlo, hay que acordarse, manda nasales la palabrita). Y, sobre todo, porque, al recordar una fecha, emplazamos el tiempo que estuvimos, que estamos o que estaremos juntos. Festejo lo esencial, festejo tu presencia, le escribió el poeta francés Paul Éluard a su querida Elena Ivanovna Diakonova, más conocida como Gala, poco antes de que ella lo dejara plantado para irse con el estúpido y genial Salvador Dalí. (Y usad el adjetivo absoluto así. No digáis el estúpido de S…, que parece que el hombre tuviera un estúpido, como quien tiene un hermano.) Yo también festejo lo esencial, vuestra presencia. También, la presencia muda de quien, siguiendo mis instrucciones, no me ha recordado lo mayor que soy, y propenso a la lágrima por las alhambras perdidas.

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De entre tanto recibido, os paso tres prosas y un soneto (habéis leído bien: ¡me han dedicado un soneto!), tres testimonios vienen del alumnado, uno por cada instituto importante en los que estuve, y otro, de mi querida Isabel García, con quien tuve el privilegio de compartir turno en el nocturno (turno / nocturno. ¿Os dais cuenta? El que es poeta, lo es hasta cagando, como diría Fernando Merlo) en el San Isidoro. A Roberto, lo vi el Domingo de Ramos en la Lanzada; a Mari Ángeles, hace tiempo que no la veo, pero guardo un muy grato recuerdo de ella y de su curso; a Pedro Domínguez, mi mentor en Valverde del Camino y escudero mío en De quien mata a un gigante, pongo, con su soneto, en último lugar, que es el primero.

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Felicidades, profesor. Nos enseñaste a todos, yo que los represento, a ver la asignatura de una forma diferente a la acostumbrada. Iba llena de frescura, elegancia y, por supuesto, directa al corazón como una clavellina que entra entre ceja y ceja. Con ella cambiaste la manera de pensar de muchos de los alumnos, te puedes dar el privilegio de haberlo conseguido. Roberto Lozano Gálvez.

Felicidades, maestro. Es bonito, en los tiempos que estamos, donde lo mediocre forma parte de la rutina, donde el conformismo y el pasotismo viven de nuestra mano, encontrar a alguien que destaque por ser él mismo. Y que sepa dejar huella sin pretenderlo. Tú no te podrás acordar de todos, pero te aseguro que todos nos acordamos de ti. Gracias por dar las herramientas a esa edad para no ser títeres del sistema, por más que te guste el teatro. Un abrazo. Mari Ángeles C.

No sé si te gusta celebrar esto de cumplir años, pero a los demás sí nos gusta que los cumplas y que llenes tus días y los nuestros con esa refinada estampa de caballero fuera del tiempo y esa mente preclara y ese corazón poético. Felicidades, pues, al hombre, al poeta, al maestro, que enseña para la vida y no para la escuela, como le gustaba a Séneca, porque, en el fondo, Daniel, ya te has convertido en un clásico, en el buen sentido de la palabra. Un beso. Isabel García.


FELIZ Y DAD
Soneto en Terra Teniente

¡Tinta de calamar envenenada
en Góngora o gorgonas prevenida,
Quevedo de la barra compartida,
cerveza cervantina y bien helada,

en la conversación a todo o nada
que con Pilar sostiene de la vida,
dando coces con voces malheridas
por años de tarima y barricada!

Y si, por criticar Terra Teniente,
de repente se escucha algún hiato,
¿entre dar y no dar? ¡Dolce far niente!

Así es Daniel, el Géminis Lebrato,
que viene con la pluma entre los dientes
dando sombra a su sombra para rato.

Pedro Domínguez, 31 de mayo de 2015.


CUMPLEANOS (EPÍLOGO)

¿Qué os dije? Me doy por felicitado, Nunca felicito a nadie, No me felicitéis. Pues nada. ¡Si hasta en Internet cumpleaños es cumpleanos! Ya estoy como no quería estar. Más viejo y más pellejo. Os veis jóvenes y guapos, y, hala, pensáis que todo el mundo tiene que celebrar lo que vosotros: la mayoría de edad, el carné de conducir, ya puedo ir a votar, y os creéis que todo el monte de Venus o de Adán es orégano. Y, la verdad: ¡hay (o habemos) cada rastrojo! En fin, como hay que cumplir el mandato de doce meses, y no lo que le salga del chichi al político o a la Susana de turno, espero que la cita con el Google avisos dé para mucho y se me haga larga la tortilla de doce huevos de aquí a la próxima. Menos mal que, viéndolas venir, me anticipé a las canas, a la alopecia, a la cojera, a las cataratas, a la próstata, a la premura de esfínteres y al colon irritable, y me quedé con lo puesto: mis gafas, mi caña de paseo, mi calva y mi sombrero, mi pajarita de tres nudos, con mis chalecos traje de dos bolsillos, el de dar propina y el de dar limosna, con mis pañuelos de llorar y mis calzoncillos de ala ancha y, sobre todo, con este oído, por el que no oigo absolutamente nada. Menos mal también que mi familia, con eso de para mí te has muerto, me ha ahorrado un montón de bodas, bautizos y funerales, que siempre son desagradables. Otro, en mi lugar, os retira el saludo, quiero decir del megusta y de encontraros, como pescaítos, por esas redes sociales. Como dijo Manuel Machado, el agradable: con dejarme, lo que hago por vosotros, podéis hacer por mí. Y ¡a Dios!, que iremos todos cuando la resurrección de los muertos. ¿Habéis pensado qué ropa os vais a poner ese día? Id pensando, id pensando.

Daniel Lebrato, 2 de junio de 2015

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