¿EN QUÉ SE PARECEN LA MODA, LA FERIA DE SEVILLA Y LA LEGALIZACIÓN DE LAS PUTAS? (PENSAMIENTOS DE SEGUNDA)

¿EN QUÉ SE PARECEN LA MODA, LA FERIA DE SEVILLA Y LA LEGALIZACIÓN DE LAS PUTAS?
(PENSAMIENTOS DE SEGUNDA)

Leemos en El País que le han dado el Anagrama de Ensayo a Patrícia Soley‑Beltran, ex modelo muy crítica con la moda en su libro ¡Divinas! Modelos, poder y mentiras. La autora se deja fotografiar en pose de modelo, no sabemos si para parodiar el posado o porque en el fondo sigue creyendo en él. El caso es que tratar la explotación de las modelos puede parecer muy progresista (a Jorge Herralde se lo parece) pero más progresista sería tratar de la moda en sí. ¿Nos parece normal su control de mentes, su clasismo y su poder de masas? ¿No nos da pena la pasarela y su reflejo en la gente joven, más indefensa que la adulta, ahora todos con tatuajes, con pírsines, con la visera de la gorrita a lo yanqui, ayer las muchachas enseñando la hucha, hoy con zapatos de plataforma o con tacones imposibles, los muchachos con barbas o con corbatas forzadas, sin saber ni hacerse el nudo? Viene esto a cuento de la de veces que una crítica se queda en la superficie, no llega al fondo, no ataca las raíces de un problema, que, en el caso que nos ocupa, sería la moda como factor de alienación de personas y como incitación al sobreconsumo (por homologación: por la moda, se pertenece a un grupo; y por su contrario: quien va a la moda aspira a ser un individuo único). Al lado de eso, la explotación o no del personal de pasarela no deja de ser ‑que Anagrama nos perdone‑ una cuestión menor.

Se llama pensamiento de segunda el que razona sobre premisas falsas, parciales o discutibles, sin ir a la raíz o causa primera de lo que se discute. Este modo de razonar es propio, por ejemplo, de quien combate la inmigración ilegal con pretexto de que hay que actuar contra las mafias del tráfico de inmigrantes. El pensamiento de primera sería la desigualdad Norte Sur con la crítica a las fronteras, en nuestro caso: qué pinta España en suelo africano (Ceuta y Melilla) o Gibraltar, no español. Otro pensamiento de segunda lo oímos continuamente cuando se trata de combatir el narcotráfico con olvido de lo principal: que alcohol y tabaco son drogas legalizadas y que el hachís, el cannabis o la marihuana podrían venderse en los estancos, como pasa en otros países. Pensamiento de segunda ante la independencia de Cataluña es poner por delante a toda España. Señor: le guste o no, se llama derecho de autodeterminación y la historia enseña que ese derecho se puede reconocer o no y que se ha ejercido siempre por la fuerza de la parte interesada. Que Estados Unidos cuando se independizó no le consultó a la corona inglesa ni las colonias españolas, a la española. Pensamiento de segunda fue todo lo tocante a la alianza de civilizaciones o tres culturas, en tiempos del presidente Zapatero (un campeón en pensamiento de segunda: acuérdense de sus subvenciones lineales y planas a la natalidad o a ordenadores por estudiante). Ebrios de liberalismo y de democracia, como “tiene que haber de todo”, nuestra sociedad dejó de lado el feminismo de las mujeres árabes, persas o indias, y en nombre de que “a ellas les gusta”, aceptó sin más el tapadismo islámico, que éste sí que no era una moda sino la sujeción de la mujer a códigos muy machistas, y ya sabemos que las primeras portadoras del machismo son las propias mujeres, abuelas y madres de las crías a las que ablacionan, tapan y casan a la fuerza. Para reflotar sectores en crisis, y con la complicidad de los sindicatos, Zapatero nos vendió la reconversión militar de naves y astilleros civiles, con tal de que sus plantillas siguieran teniendo bolsa de trabajo. No, mire usted: por que usted siga trabajando (pensamiento de segunda), no van a morir personas en otras partes del mundo (pensamiento de primera). Claro que Zapatero fue el que se inventó las misiones de paz del glorioso ejército español, de acuerdo con la Otan y la Onu, y que aquí lo que se fabrica en Airbus y astilleros son solo vehículos de transporte, mujer, que no matan o matan muy poquito, como diría el novio de Tres sombreros de copa.

El último y más peligroso pensamiento de segunda es el que se esgrime para pedir la legalización de la prostitución por el bien de las putas. Nos olvidamos de que el ocio no debería ser nunca negocio. (Mal ejemplo dan intelectuales y artistas, que hacen de su tiempo libre una fuente de ingresos por pensar, crear o consumir productos culturales que todos podríamos pensar, crear o consumir si tuviéramos tiempo libre, no que ir a trabajar, y una base de sustento como tienen ellos.) Decir que el sexo crea riqueza es como decir que la portada de Feria de Sevilla, un año y otro distinta y con muchísimas horas de trabajo encima, es fuente de riqueza, con olvido de lo que esas horas y esos dineros podrían tener de útiles si se aplicaran a obras sociales o de interés general, y la Feria se conformara como una portada fija como la Pasarela, que tuvo. En todo caso, olvidamos que por encima del “si a ellas les gusta” el Estado debe salvaguardar la dignidad del trabajo, el trabajo digno, y cobrar por sexo no es digno (al menos, nunca para las dos partes del trato, porque son partes desiguales). Que Ciudadanos, desde el liberalismo, y un sector de Podemos (Ada Coláu), desde el buenismo, coincidan en la sindicación y legalización de la prostitución es como si quisiésemos que volvieran los verdugos solo porque algunos reos, desesperados de esta vida, de verdad quieren que los maten, o que sigan matando a los toros solo porque a ganaderías y cuadrillas les va el negocio. Claro que en esta sociedad, de ideas secundarias y parciales, como la infancia nos da mucha pena, hacemos campaña contra los niños soldado, no contra la raíz del problema: los soldados, de quienes los chicos aprenden. En una conversación de sobremesa cuestione usted el ejército y las armas. Verá cómo se atraganta de pensamientos de segunda.

Daniel Lebrato, Ni cultos ni demócratas, 18 del 4 2015

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