EL GATO EN EL BOSQUE

EL GATO EN EL BOSQUE
–Campaña ningún niño sin juguete–

 

«El verdadero amor no se divide»
Marcela, la pastora del Quijote

Cuando vio que avanzaba la sangre blanca por las venas de sus dos hijas,
mi amigo promovió una Asociación de lucha contra la leucemia infantil.
(No contra todas las leucemias.)

Ante la ola de atracos a hipoteca armada: el movimiento Stop desahucios.
(Que no es igual que Nacionalización del suelo y la vivienda.)

Lecturas parciales del gran libro del bosque, cada quien abre el libro por donde quiere y lee la hoja que le interesa. (Hoy contra la Distonía-X, mañana contra el mal de Chagas.) Es el Bienestar, rico en oenegés, cuando la cosa iba bien.

Cuando la cosa va mal, pedir un capitalismo humano es como pedir los ratones que se apiade de ellos el grandísimo gato.

Al sistema no le inquietan tu pancarta por tu hospital, la mía por la enseñanza pública. Y, llegado el caso, al sistema convienen ciertas consignas. Campañas contra las minas anti persona o contra el reclutamiento de niños soldado. Maquillando la guerra, la guerra se perpetúa y nadie hablará del desarme cuando estemos muertos.

Ni tontos ni marxistas, por navidad nos vienen con Ningún niño sin juguete, 5,5 millones de resultados en Google, por delante de Ningún niño sin techo, sin circo, sin música, conceptos ligados a unas creencias que, como octavo pasajero, se transmiten, de paso, al amiguito invisible. Dios ha nacido.

¿Qué pasa?

Que nuestra mirada primermundista y occidental, que es un defecto de la vista cansada y una inmensa mala conciencia, sigue moviéndose por los cauces del remedio, y no de la enfermedad.

Que en España la vieja caridad, como vieja, es astuta, y ahí sigue Cáritas con sus damas de la banderita a la puerta de El Corte Inglés postulándose a sí mismas en estos tiempos infames.

Que ingenuos balones y muñecas (no complejas tecnologías) allá que irán en caravana por donde vienen los Magos, a Oriente, para que sigan siendo ciertos, aquí, los obispos con sus belenes y, allí, los pastores con sus tapadas.

Que no es probable que la infancia del tercer o cuarto mundo, falta de vida caliente y potable, esté esperando ilusionada ningún juguete, no digo eléctrico. Bastante sería que la lucidez y el laicismo de sus mayores cayeran en la cuenta de ese gato con botas que es el dueño del bosque.

Que el verdadero amor no se divide y que hacer el bien a la carta o por horas
(yo a mi pobrete; tú, a tu pobrecito) debería estar rigurosamente prohibido.

 

Daniel Lebrato, WordPress

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