sobre los toros

SOBRE LOS TOROS

  1. Lo tópico y típico del toro y del toreo usted lo sitúa en Andalucía, donde mayores son la diferencias sociales verticales. Y no es casual que la fiesta del toro se cuestione en Cataluña, sociedad más horizontal donde es más fuerte la clase media, y donde faltan las grandes ganaderías.
  2. En Cataluña intentan el debate. El movimiento protector de animales es primermundista y aristocrático. Los autos de fe antitaurinos, tetas y culos manchados de sangre, son todo menos manifestaciones populares. El truco del decreto ley que protege la Fiesta con maýuscula como bien cultural es una pasada y una manera de hurtar un debate legítimo. Qué menos que cuestionarnos la supuesta cultura de las corridas de toros.
  3. Discutir sobre la fiesta no puede ser discutir sobre si el toro sufre o deja de sufrir. La muerte siempre duele: también la lechuga y el tomate sufren el arrancamiento. Lo terrible es que se ponga por delante la cuestión sufrimiento animal, antes que el factor humano, y el factor humano es el mundo desigual que rodea, sostiene y, cuando puede, justifica la fiesta de los toros. Para nosotros, ni tontos ni marxistas, ni catalanes ni andaluces, ni tauristas ni anti tauristas, ésta es la arena:
  4. La España de empresarios, ganaderos, terratenientes y señoritos cortijeros. Pregunta: ¿Queremos a esta selecta clase que ve los toros desde la barrera, desde la altura de sus caballos jerezanos? Ese es el mundo del rejoneo que históricamente a finales del Xviii dejó su sitio a los de a pie, por ver cómo corneaban, no a ellos, que las cornadas duelen, sino a los pobres toreros. Últimamente, en clave ecologista y proteccionista, a este grupo se le oye defender que, gracias a las corridas, la especie del toro bravo sobrevive feliz en la dehesa. Salvando al toro, se salvan a sí mismos y, encima, con subvenciones oficiales y escuelas de tauromaquia…
  5. …Y la España de toreros buscavidas tentadores de la suerte y de la muerte. Pregunta al público: ¿Es lícito o se puede moralmente consentir que por un puñado de euros el ser humano torero se juegue la vida por milímetros de riesgo, si se acerca mucho o poco a la cornada? ¿No será el público de las corridas cómplice como el que pedía sangre de gladiadores? Y ante las tripas fuera del animal humano, ¿no dirán nada protectores de animales?
  6. Si no interesa hablar de eso, volvamos al arrancamiento de la lechuga y más: hablemos de las guerras, y propongamos acabar con las guerras acabando con las armas y los ejércitos. Así, en vez del documental sobre lo mal que lo pasan los toros, nos pondremos una película sobre las cornadas que da el hambre y en las zonas de conflictos: qué duele una pierna cuando te la amputan por culpa de una mina anti persona, qué dolor de cabeza da un bombardeo y qué secuelas dejan las misiones de paz de nuestro glorioso ejército, que se simboliza en el Rey que defiende las corridas.
  7. No apliquemos una moral estricta y absoluta para unas cosas (que el toro sufre: eso es verdad) y en cambio una moral relativa cuando nos conviene mirar para otro lado: las caras de la explotación y de la miseria.

daniellebrato en wordpress, 01.04.2010

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